Calor mortal: ¿por qué el verano de 2026 es tan brutal?
Temperaturas récord en varios continentes están matando a miles, agotando los sistemas de salud y amenazando los suministros de alimentos.
Temperaturas récord en varios continentes están matando a miles, agotando los sistemas de salud y amenazando los suministros de alimentos.
Desde las calles de Delhi hasta los campos de España, desde los desiertos de Arizona hasta los suburbios de Tokio, este junio ha traído temperaturas nunca antes vistas. En India, el mercurio superó los 52 °C por primera vez. En el sur de Europa, las olas de calor han durado dos semanas consecutivas. En Estados Unidos, la red eléctrica se dobla bajo el peso de los aires acondicionados.
No es un evento aislado. Los científicos señalan una combinación peligrosa: un fuerte ciclo de El Niño, la continua emisión de gases de efecto invernadero y bucles de retroalimentación que aceleran el calentamiento. El resultado es que una ola de calor que antes ocurría “una vez cada siglo” ahora sucede cada pocos años.
Los pobres y los ancianos son los más afectados. En ciudades sin refrigeración adecuada, la gente duerme en azoteas o sótanos. En el campo, los cultivos se marchitan y el ganado muere. Los hospitales reportan un aumento de casos de golpe de calor. En México, más de 150 muertes se han vinculado a esta ola de calor en las últimas dos semanas. En Egipto, los cortes de electricidad se han vuelto diarios.
Las altas temperaturas secan el suelo y reducen el caudal de los ríos. Se espera que la cosecha de trigo en Ucrania caiga un 15% este año. Los arrozales del sudeste asiático sufren la intrusión de agua salada. El Programa Mundial de Alimentos advierte que 30 millones de personas más podrían enfrentar hambre aguda si este calor persiste hasta julio y agosto.
Algunos países se están adaptando más rápido. China ha ampliado su red de sistemas de alerta temprana, y ciudades como Shanghái tienen refugios públicos de enfriamiento. La Unión Europea aprobó fondos de emergencia para que los agricultores instalen mallas de sombra y riego por goteo. Pero estas medidas son parciales. El problema subyacente—nuestra dependencia de los combustibles fósiles—sigue sin cambios.
Los meteorólogos pronostican que la actual cúpula de calor se desplazará, pero patrones similares pueden regresar en julio y agosto. El mundo necesita reducir las emisiones urgentemente, pero también invertir en infraestructura resistente al calor: techos reflectantes, espacios verdes urbanos y energías renovables descentralizadas. Cada fracción de grado importa. Sin acción, el verano de 2026 puede recordarse no como una anomalía, sino como la nueva normalidad.