Zaporizhzhia bajo fuego otra vez: ¿qué tan cerca estamos de un desastre nuclear?
Los bombardeos cerca de la mayor central nuclear de Europa reavivan el temor a una fusión catastrófica. El mundo debe actuar antes de que sea demasiado tarde.
Los bombardeos cerca de la mayor central nuclear de Europa reavivan el temor a una fusión catastrófica. El mundo debe actuar antes de que sea demasiado tarde.
El 5 de junio de 2026 surgieron informes de nuevos ataques de artillería en las proximidades de la central nuclear de Zaporizhzhia, en el sureste de Ucrania. Rusia y Ucrania se acusaron mutuamente de poner en peligro la instalación. Esta no es una historia nueva: la planta ha estado amenazada desde los primeros días de la guerra. Pero cada nuevo bombardeo nos acerca a una catástrofe potencial que eclipsaría a Chernóbil o Fukushima.
La central de Zaporizhzhia es la mayor central nuclear de Europa. Tiene seis reactores, cada uno con suficiente material radiactivo para contaminar vastas regiones. Desde marzo de 2022, las fuerzas rusas ocupan la planta, mientras que las tropas ucranianas controlan las zonas cercanas. La línea del frente pasa peligrosamente cerca. Los inspectores internacionales del OIEA han advertido repetidamente que cualquier bombardeo sostenido podría romper la contención, cortar la refrigeración o desactivar los sistemas de emergencia.
¿Por qué sigue ocurriendo esto? Ambas partes ven la planta como un activo estratégico: Rusia la utiliza como escudo para sus tropas, Ucrania teme perderla permanentemente. En la niebla de la guerra, los errores de cálculo son comunes. Un dron o misil que impacte en una piscina de combustible gastado podría liberar una nube radiactiva que se extienda por Europa, Oriente Medio y más allá. Los patrones de viento en junio son impredecibles. Nadie estaría a salvo.
El silencio de las grandes potencias es ensordecedor. Mientras el Consejo de Seguridad de la ONU debate resoluciones, los proyectiles siguen cayendo. El Organismo Internacional de Energía Atómica ha propuesto una zona desmilitarizada alrededor de la planta, pero ninguna de las partes acepta. Esto no es solo una guerra local; es una bomba de tiempo global.
¿Qué se puede hacer? Primero, todas las partes deben detener inmediatamente cualquier actividad militar en un radio de 30 kilómetros alrededor de la planta. Segundo, se debe permitir el acceso permanente de inspectores neutrales a todas las unidades del reactor. Tercero, si los bombardeos persisten, la comunidad internacional debe considerar imponer una zona de exclusión aérea o desplegar una fuerza de mantenimiento de la paz bajo mandato de la ONU. El costo de la inacción se mide en millones de vidas y billones de dólares.
A menudo pensamos que la guerra nuclear es la única amenaza nuclear. Pero un accidente en una central nuclear puede causar daños a largo plazo iguales o mayores. La situación de Zaporizhzhia es una prueba de si la humanidad puede aprender de desastres pasados. Hasta ahora, estamos fallando.
Esto no es política. Es supervivencia. Cada día que los combates continúan cerca de la planta, aumentan las probabilidades de una fusión. Debemos exigir acciones a nuestros líderes antes de que sea demasiado tarde.